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En pocas palabras…

 

(¿qué estás escribiendo ahora, Pilar Ana?)

 

 

Casi no lo vi, hasta que cotejé a la bruja en el suelo gritando empapada en el suelo… y era porque al asomarse por  la portezuela, un caldero lleno de agua hirviendo se le había derramado encima quemándola y achicharrándola la mitad del cuerpo.

Me aproximé a la callejuela donde se quejaba horriblemente mi furiosa enemiga, pero no me atreví a salir del todo hasta que la joven Dafne no vino a por mí, y me arrastró con ella hasta un foso cerca de la entrada a ese conjunto de excelsas torres.