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En pocas palabras…

 

(¿qué estás escribiendo ahora, Pilar Ana

Y de pronto, comprobé que estas lágrimas aumentaban su tamaño y se ponían en horizontal, muy rectas, muy rígidas, como si fuesen dos espadas crecientes y finísimas en mis ojos.

No sabía lo que estaba pasando… mis peculiares lanzas se le enroscaron primero por los pies y lentamente fueron subiendo por todas las piernas y el tronco del autómata; automáticamente, reaccionó haciendo lo que yo más quería, soltando a Mike que cayó al suelo sobre las rodillas, mientras este mismo se recuperaba del aire que le había faltado a la vez que se palpaba la garganta.

Que soltara a Mike era lo más importante para mí, pero después no pude hacer otra cosa que centrarme en lo que le estaba sucediendo al baboso rodeado ya del todo por esas espadas heladas y flexibles, las cuales habían salido de mis ojos. Las curvadas lanzas principiaban a cambiar su dura textura por la de  una consistente cuerda que le apretaba cada vez más, hasta que se pudo oír…