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En pocas palabras…

 

(¿qué estás escribiendo ahora, Pilar Ana?

Estaban los dos en una cama muy grande, era una cama balinesa con un montón de abalorios, lazos y tules, los cuales si podía ser, la hacían más enorme y pomposa. Podía reconocer a un Oliver semitransformado en dragón, con medio cuerpo de hombre y la parte de debajo de reptil; entre sus poderosas piernas pérfidas de lagarto monstruoso, una mujer de pelo negro y facciones inconcusas se deshacía en jadeos de placer  con cada empellón que el otro le daba.

De pronto, ella comenzó a gritar desaforadamente… nos perturbó bastamente sobre todo a mí, pero el que todo acabase con gemidos libidinosos y lascivos por las dos partes, me hizo corroborar que aquella mujer de la cama no estaba allí en contra de su voluntad… y que por sus facciones huesudas y su cuerpo incompleto cubierto de un fino pellejo se trataba de Lilith.