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En pocas palabras…

 

(¿qué estás escribiendo ahora, Pilar Ana?)

 

Santo!

Y es que al darme cuenta que no respondía giré convulsa para mirarla, y la encontré semicaida sobre el umbral de la puerta, con los ojos en blanco y tiritando como si estuviésemos a menos de cero grados. Al principio, tanto Albertina como yo, concluimos en un principio que el estado  de Dafne se había producido por la bajada de temperatura que se originaba en la sala cuando ella se presentaba… sin embargo, esta terminación no era la correcta seguramente, porque esta temperatura a mí ni me había afectado y no parecía tan baja  como para  que Dafne se pusiera así.