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En pocas palabras…

Muestra-Trabajo actual-Fragmentos

(¿qué estás escribiendo ahora, Pilar Ana??)

 

Muestra-Trabajo actual-Fragmentos

Estuvo así un par de minutos que se me hicieron interminables, para acabar concluyendo que esa era una posibilidad entre un millón, y que lo más seguro sería volver al interior del Támesis, a su quimérica ensoñación.

‒ Pero… ¿y por qué tu sueño va a valer más que el mío? ‒cuestioné dolida al parecerme que Doherty me estaba haciendo de menos.

‒ No es una cuestión de valores… es por seguridad más que nada. No quiero que te pase nada malo.

No obstante, me hizo sentir como un cero a la izquierda, y aunque fuera un poco inconsciente hacerlo, no podía dejar de probar mi teoría.

 

Al final Doherty hubiera querido abrazarme… Con todo, hice todo lo que pude para que sintiese que me había convencido, y cuando apartó la mirada una milésima de segundo, salí corriendo hacia ninguna dirección… solo corría hacia donde me llevaban los pies…

No pensaba… solo corría desesperada… en mi nueva situación como humana, podía sentir el cansancio y el agotamiento propios de ir a la carrera; hacía tanto tiempo desde que estuve viva y lo hube experimentado que ya ni me acordaba.

No sabía ni hacia dónde iba. Fue entonces cuando me topé con un edificio blanquecino cubierto de plantas trepadoras hasta su campanario y justo después de toser, y mirar hacia atrás para confirmar que el pesado de Mike Doherty todavía me seguía, decidí introducirme por uno de los enormes y altos ventanales.

Después de todo, no había nadie más por ahí que me dijera que eso estaba mal y no podía hacerlo, ni que me denunciaría por profanar una propiedad privada. Eran unas ruinas abandonadas en medio de la ciudad.

 

Jamás había estado ahí, pero al ver la vidriera de un santo con tenazas reconocí al momento dónde estaba; ahí estaba plasmado en los cristales de colores San Dustand con sus tenazas sobre el pecho…

Había oído hablar de su leyenda al venir a Londres… él combatió al Diablo en su fragua, en la que trabajaba, por dos ocasiones al menos, cuando fue a tentarlo en forma de atractiva muchacha, u otra vez con la apariencia de un viajero perdido en busca de ayuda; asimismo, el santo Dustand atrapó de la nariz al maquiavélico personaje con sus vetustas tenazas, infringiéndole así dolores insoportables y haciéndole prometer al final que nunca volviese por allá… el Diablo lo cumplió y la hazaña del hombre se hizo prolífica en Londres.

Lo supe al momento… Estaba en la antigua iglesia de Saint Dustand; creo recordar que hasta visité el sitio antes del Gran Incendio que dejó el misterioso lugar en ruinas y devastación.

Los rayos de sol que se aproximaban por los miradores de los pasillos, pronto me rozaron la piel y me cubrieron de un calor en aumento y exacerbado totalmente, que me hizo cerrar los ojos irresistiblemente; hacía siglos que no sentía esto.

 

Parecía mentira… todavía estábamos a finales de invierno, y era extrañísimo, no obstante que casi tendría ganas de desnudarme… en fin, salí a un patio exterior y me quedé ahí descansando en un banco relajadamente.

‒ ¡Tina, joder, pero deja de correr, ¿quieres?! ‒mencionó histério Doherty, llegando agotado al perseguirme, por mi retaguardia.

Estaba demasiado fatigada para levantarme aún, así que me dispuse a asumir las consecuencias de lo que me dijese. Aunque de momento, lo único que hizo él fue derrumbarse en mi mismo banco como si fuera un árbol caído… correr no era lo suyo, estaba medio ahogado…

‒ Es que no deberías haberme seguido ‒analicé sudorosa.

‒ Es que esto no es seguro… en un principio te iba a dejar hacer lo que te diera la gana; después de todo tu sueño podía ser compartido con el de cualquiera… pero es que creo que ya sé con quién lo compartes, Tina.

‒  ¿En serio?

‒ Después de que salieras corriendo, vi que alguien se asomaba por la baranda del supuesto Puente de Londres… ese alguien era Sorticia; lo más seguro es que sea con esa bruja del Infierno con la que estás compartiendo el sueño ‒expuso cejijunto.

No sabía si debía alarmarme ya o no… lo medité un rato.

 

Tras meditarlo conmigo misma, solventé no sé si acertadamente o no, que no iba a basarme en lo que solo era una presunción de Doherty.

Quizá se hubiera equivocado… quizá la muchacha que vio en el puente no era Sorticia…

Ante la mirada abnegada de Mike Doherty, decidí comprobar si realmente era yo la que controlaba el sueño, y saliendo a pie por un ventanal, aguardé a que una nube esponjosa y suave viniese a buscarme, como quien espera el autobús…

Doherty me miraba desconcertado:

‒ ¿Y ahora qué haces ahí?

‒ Solo esperar… si este es mi sueño, una nube aparecerá, una nube que nos llevará a donde queramos y desde allí podremos pensar más tranquilamente en cómo derrotar a Lilith.

‒ ¿Sabes que eso es una majadería total?

‒ Solamente diseño una escapatoria que demuestre que este es mi sueño… ¡¿Se te ocurre alguna otra cosa?!

Simplemente permaneció en silencio sin saber o no querer rebatirme, hasta que lentamente se levantó y se me acercó sosegado.

 

Debía estar pensando que me había vuelto idiota o algo así, pero Doherty, muy serio, no dejaba de mirar de soslayo al cielo tan despejado, quizá con la esperanza de encontrar una nube; supuse que me creería muy mayor para estar meditando que algo parecido a una alfombra voladora iba a venir a salvarme el culo… como él, yo también sin querer empecé a barajar que estaba siendo una infeliz.

Hacía tiempo que había dejado de creer en cuentos de hadas, sin embargo no dejaba de esperar una ayuda onírica que podría sacarnos de ahí, demostrando mi teoría de que nos movíamos por mi sueño.

Doherty se inclinaba para investigar hacia un lado y yo hacia el otro…

 

Hasta que… hasta que detecté movimiento en una diagonal a doscientos metros y me quedé estancada sin decir nada antes de decir una estupidez.

Llegué a pensar que era una gaviota, una paloma albina, o cualquier otro pájaro blanco y negro…

¡Pero no! ¡Era increíble! ¡Venía hacia nosotros volando! ¡Era como una esponja gigante, como un pedazo de algodón, que al aproximarse, se convertía en nuestra esperanza!

Una nube…  la nube… nuestra salvación…

Era definitivo… esta nube  demostraba que zarparíamos en mi sueño… me costó un poco pero al rato salté encima atrevida. Hecho esto, me quedé esperando a que Mike Doherty también lo hiciera.

­‒ ¡Venga Doherty! ¡¿A qué estás esperando?!

‒ ¡Caray, Tina, que ya voy! ¡No me aturulles que estoy pensando!

‒ ¡Pues no sé que tienes que pensar! La nube ha venido, luego este es mi sueño… yo lo controlo ‒concluí.

No sé si le convencí mucho de que no había peligro, porque no dejaba de zarandear la cabeza a un lado y a otro.

Al final, saltó a mi nube, hundiéndola bruscamente por la parte  por la que se había posado.

‒ Estás gordo, Doherty ‒bromeé.

Se balanceó un poco, pero enseguida se estabilizó y dejé la chanza.

 

‒ Que quede claro que no estoy convencido de esto…  vamos a ver en qué acaba todo esto.

‒ Ya verás. No te arrepentirás ‒dije.

No obstante, Doherty arqueó completamente las cejas, dejando entrever que en el fondo siempre creería que estaba pintando la seguridad de falsas ilusiones. En fin, no me extrañó nada esta reacción suya, era un incrédulo de manual.

Lo ignoré todo lo que pude y cerré los ojos, para poder concentrarme en que la nube despegara ya de una vez.

‒ Oye linda, ¡¿y a dónde nos dirigimos, porque supongo que habrá que darle a esta cosa por lo menos una pista sobre el rumbo a tomar?!

‒ Es verdad… ¡¿hacia la Torre de Londres?!

‒ Creo que eso no iba a valer para nada… podríamos alejarnos de todo esto y escondernos en mi casita cántabra de Comillas.

‒ Eso es tentador, de verdad, pero creo que no deberíamos hacerlo y además pasar de todo, caería como una losa sobre nuestras conciencias ‒recapacité en voz alta.