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En pocas palabras…

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(¿qué estás escribiendo ahora, Pilar Ana??)

 

Estaba pensando en que Doherty me había ofrecido un último deseo antes de morir; ya que estaba condenada sí o sí, no dejaban de cruzárseme posibilidades en la cabeza, aunque había dos que tomaban fuerza y no podía decidirme por solo una de ellas, y descansar luego en paz; bueno, lo de descansar en paz es un decir, porque sabía perfectamente que  después de todo eran las llamas del Infierno, las que me estarían esperando, y allí no podría haber nunca ni concordia, ni pausa. En  ese entonces, el corazón que desde hacía tanto tiempo solo era un reflejo, una imagen superficial, latía a marchas comprometidas y me hacia considerar qué sería juntar mis labios con los suyos sería ya algo imprescindible, frente a la segunda opción, más íntegra al menos, de saber lo que había pasado con Sorticia, una vez dejé a Doherty abandonado en el baño que esta misma aporreaba furiosa porque quería hablar con él, cuando era una paloma todavía, antes de llegar al Parque.

Era el corazón contra la cabeza. Trataba como podía que fuera silenciado pero no era ningún secreto que todavía y desde principios de conocerle estuve atraída por Doherty, pero lo que he en realidad meditaba no podía perderse entre ideas románticas que en realidad nunca podrían llevarse a cabo.

Además, cada día estoy más convencida de que estos tendencias sentimentales y tan pasionales que yo tenía con este, no eran más que reflejos de lo que Scarlet, que a ciencia cierta sí que estaba enamorada de él, me había contado y que yo no había hecho más que divinizar, habiendo conocido hasta ese momento solo el amor tóxico y perjudicial del demonio Oliver Salan; desde su perspectiva era todo tan bonito e ilusorio que creo que me había dejado llevar por esta fantasía sentimental, sin importarme las consecuencias…

 

Con todo, desde que llegamos al Parque San James, mi actitud con Doherty había cambiado muchísimo y estaba muy orgullosa de ello hasta entonces. Igual fue por esto por lo que me incliné hacia posturas más objetivas en mi diálogo con él…

‒ Vale, Doherty, entendido lo de que ahora eres un Demonio… Pero yo también lo soy a partir de que bajé los Infiernos, y mis intenciones y elucubraciones no han  cambiado mucho desde que solo era un alma en pena: lo tengo claro, sigo queriendo acabar con Lilith y toda  su corporación ‒instruí cordialmente.

‒ Tiempo al tiempo, Tina… Tiempo al tiempo, Tina. La metamorfosis para convertirte en un ser maligno y degenerado como yo lo soy ahora, es lenta pero no hay otro camino y la Oscuridad te va absorbiendo poco a poco sin dejarte absolutamente ninguna escapatoria ‒pronosticó Doherty muy seguro de lo que decía, a la vez que miraba al suelo como si se entristeciera de ser tan duro conmigo.

(fragmento de «¡CRACK, CRACK! ROMPEHUESOS II»)